90% del área agrícola no se usa en invierno

Son 32 millones de hectáreas en la Argentina que se siembran sólo en verano, principalmente con soja. Es la primera vez que una investigación arroja datos concretos al respecto.

barbechoUn suelo sin cobertura vegetal está más expuesto a procesos erosivos, ya sean de índole hídrica o eólica. Foto: https://goo.gl/FuHdDE

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(SLT-FAUBA) Una proporción muy alta de nuestros suelos agrícolas está libre de cultivos en algún momento del año. Las razones son variadas, desde económicas hasta por miedo a que el doble cultivo baje el rendimiento del cultivo de verano. Sin embargo, un estudio realizado en la Facultad de Agronomía de la UBA (FAUBA) indica que en muchos casos se podrían realizar dos cultivos sin comprometer la productividad del sistema. La adecuada elección del cultivo incluso podría prestar valiosos servicios al ecosistema.

Gervasio Piñeiro

Piñeiro: “El desafío que nos queda por delante es elegir el cultivo que más servicios ecosistémicos nos brinde, considerando las necesidades y las limitantes del sitio en donde nos encontremos”.

“A partir de imágenes satelitales pudimos determinar que el 89% de las tierras cultivables de Argentina produce cosechas sólo en verano, mientras que la superficie ociosa en invierno es altísima, casi 32 millones de hectáreas”, le contó a Sobre La Tierra Gervasio Piñeiro, profesor adjunto de la cátedra de Ecología de la FAUBA.

“Hay varias razones por las cuales los productores deciden no implantar cultivos en ese lapso que va de la cosecha de un cultivo de verano a la siembra del siguiente (un período conocido como barbecho de invierno). Una es económica: si los márgenes brutos son desfavorables, el cultivo no se siembra. Otra es atendible, pero menos clara: el temor a que el cultivo de invierno reduzca el agua disponible en el suelo al momento de sembrar el siguiente cultivo, en primavera/verano”, señaló el investigador.

En el año 2012, Piñeiro y Priscila Pinto, tesista de grado de la carrera de Agronomía, estimaron el la viabilidad de realizar cultivos de invierno en la región agrícola central de Argentina. Los resultados son sorprendentes: en la mayor parte de la región sería posible incorporar un segundo cultivo en el año ocupando la superficie que hoy corresponde a barbechos de invierno. Así nos lo contó Gervasio: “Usamos datos climáticos de nueve estaciones meteorológicas de la región, para las que calculamos los balances hídricos del suelo. Nuestros resultados indican que en 9 de cada 10 años, realizar un cultivo invernal de 3 a 5 meses de duración no alteraría el agua disponible en el suelo a la siembra del cultivo de verano. Por supuesto, esto dependerá de la localización de cada campo en particular dentro del área, de cuánto llueva en invierno, del cultivo posterior y de su fecha de siembra, principalmente.”

Un costoso descanso

El trabajo de Pinto y Piñeiro, realizado en colaboración con María Elena Fernández Long, de la cátedra de Climatología y Fenología Agrícolas de la FAUBA, es el primero en mostrar la ubicación espacial de los barbechos y su variación en el tiempo. “Trabajamos sobre la base de información satelital, que una vez analizada nos permitió identificar la proporción de superficie ocupada por cultivos de verano, invierno o doble cultivo. Así diferenciamos 5 zonas (ver gráfico): en las 1, 2 y 3 dominan los barbechos de invierno, mientras que en la 4, los de verano (menos frecuentes). En cambio, en la zona 5 la proporción de ambos es muy similar. El mensaje es claro: en todas las zonas existen barbechos en algún momento del año y la proporción de tierra sin usar es elevada. Ese patrón se ha mantenido relativamente constante en los últimos 13 años”, comentó Gervasio.

Las 5 zonas

El mapa muestra cinco zonas que difieren entre sí en cuanto a la proporción de cultivos de verano, de invierno o doble cultivo. Las zonas se parecen ente sí en cuanto a la baja proporción de doble cultivo (los colores rosado/rojizos indican cultivos de invierno; los amarillo/verdosos, cultivos de verano, y los celeste/azulados, doble cultivo). A su vez, los gráficos muestran que los porcentajes de cada uso del suelo a lo largo de las nueve campañas se mantuvieron relativamente estables.

Los sistemas de producción actuales tienden a la agricultura continua, y esto es un desafío para la sustentabilidad de la producción agropecuaria. La disminución de la proporción de pasturas en las rotaciones agrícolas y la realización de un solo cultivo anual dan lugar a barbechos que pueden afectar la calidad de los suelos. Por ejemplo, si los restos del cultivo cosechado son escasos y/o se descomponen rápidamente, como los de soja, el suelo queda expuesto por largos períodos a procesos de degradación hídrica o eólica, con la consiguiente pérdida de fertilidad.

Te quiero verde

Barbecho

Los esquemas de producción actuales poseen baja diversidad de cultivos, por lo que es necesario investigar en sistemas de agricultura continua que conserven servicios ecosistémicos y sean sustentables en el largo plazo. Foto: Nigel Chadwick [CC BY-SA 2.0 (http://creativecommons.org/licenses/by-sa/2.0)], via Wikimedia Commons

“Algunos investigadores consideran al barbecho como un período de subutilización de recursos como la energía solar, los nutrientes y el agua de lluvia. En este contexto, tanto un cultivo invernal para cosecha (como trigo o cebada) como un cultivo de cobertura (sembrado no para cosechar sino para brindar una función determinada en el sistema) permitirían aprovechar esos recursos ‘vacantes’. En estos últimos tiempos, en la FAUBA venimos desarrollando varios trabajos sobre la siembra de ‘cultivos de servicio’. Es decir, cultivos que se hacen específicamente para producir servicios ecosistémicos”, le comentó Gervasio al sitio de divulgación SLT – Sobre La Tierra.

Los servicios ecosistémicos son los aspectos de los ecosistemas que se utilizan (de forma activa o pasiva) para generar bienestar humano. En los sistemas productivos agrícolas, los cultivos proporcionan diversos servicios como la cosecha, la protección del suelo contra la erosión, la fijación de nitrógeno, el control de malezas y la regulación hídrica, entre muchos otros. Cuando estos servicios están deteriorados, la aproximación clásica para remediarlos es subsidiar con energía externa al sistema, básicamente a base de petróleo: se pasa más veces el tractor con el descompactador, la desmalezadora y/o la pulverizadora, se aplican más fertilizantes y/o herbicidas (en ocasiones desde un avión), etc. Los costos económicos y ambientales de estos subsidios son muy elevados y poco sustentables.

Piñeiro, quien también es investigador independiente del CONICET, sostiene que las ventajas de los cultivos de servicio son incuestionables, y así se lo explica a Sobre La Tierra: “La idea de los cultivos de servicio es que ayuden a manejar y mantener dentro de ciertos límites los niveles de nutrientes, malezas, nitrógeno, agua, compactación, etc. Para mantener los servicios deseables, los productores podrían empezar a pensar en reemplazar la energía del petróleo por la del sol, además de valerse de información genética y de manejo de los cultivos. Por ejemplo, en vez de aplicar fertilizantes nitrogenados se pueden sembrar leguminosas como trébol subterráneo o lupino. En vez de aplicar herbicidas, un cultivo de cobertura puede generar el servicio de reducir malezas. Si el suelo está compactado, un cultivo de nabo forrajero puede reemplazar el pasaje de un paraplow o un paratill. La idea es manejar todos los servicios posibles, o al menos los que el productor identifica como deteriorados.”

triptico-lupino-nabo-trebol

El trébol subterráneo (izq.), el lupino (centro) y el nabo forrajero (der.) son considerados “cultivos de servicio”. Por su capacidad de fijar el nitrógeno de la atmósfera, los dos primeros mejoran el nivel de este nutriente en suelos empobrecidos. Por su lado, el nabo forrajero puede usarse como descompactador de suelos. Fotos: http://goo.gl/ZIUGHS, http://goo.gl/jMMC67 y http://goo.gl/rExBnn.

Para el investigador, no todas las soluciones se pueden gestionar de forma individual. En el caso del servicio de regulación hídrica, las decisiones escapan al productor individual porque son procesos que ocurren a escalas más grandes, típicamente a nivel de cuencas, y por lo tanto deben ser orquestadas por el Estado o por asociaciones civiles, y compartidas entre los productores.

Consultado por SLT acerca de la relación entre barbechos e inundaciones, Piñeiro señaló: “Esta gran cantidad de barbechos probablemente están usando menos agua del suelo que si hubiera una pastura, un pastizal natural, un cultivo de invierno o incluso un barbecho enmalezado. Éstos consumen agua del suelo, tanto de las lluvias como de las napas. Al no estar presentes, es posible que infiltre o escurra más agua de lluvia y que ello pueda provocar un aumento en el nivel de las napas. Son posibles consecuencias al realizar un solo cultivo al año en ecosistemas que originalmente poseían vegetación perenne, productiva todo el año. Algunos medios han mencionado una supuesta conexión entre barbechos e inundaciones. Si bien es cierto que en teoría esto podría ocurrir, opino que debemos ser muy cautos al respecto ya que hasta el momento no se ha investigado en profundidad esta relación de manera directa.”

Acerca del autor

Pablo Roset
Pablo Roset
Ingeniero Agrónomo, MSc. en Recursos Naturales (UBA), escritor y músico.

2 Comments on "90% del área agrícola no se usa en invierno"

  1. BONIGO CARLOS ALBERTO | 5 noviembre, 2015 at 7:46 pm | Responder

    SOY ING. AGRONOMO CON 33 AÑOS DE ACTIVIDAD EN LA AGRICULTURA. CONINCIDO CON LOS AUTORES DE LA INVESTIGACION. CREO QUE NO SIEMPRE HAY RAZONES VALEDERAS PARA NO HACER CULTIVOS DE COBERTURA, COMO LE LLAMAMOS AQUI (CORDOBA). HACE CUATRO QUE VENIMOS REALIZANDO ESTA PRACTICA CON MUY BUENOS RESULTADOS. PERO LA REALIDAD DE LAS MALEZAS RESISTENTES A DIFERENTES TERAPICOS, HA PUESTO A LA AGRICULTURA DE LA PAMPA HUMEDA PRACTICAMENTE AL BORDE DE LA NO SUSTENTABILIDAD, CONSIDERANDO EL AUMENTO DE LA PALETA DE AGROQUIMICOS QUE SE ESTAN APLICANDO AL SUELO, CREO ,SIN INVESTIGACIONES QUE NOS ALUMBREN EN RELACION A SUS CONSECUENCIAS AMBIENTALES.
    ES DECIR QUE MI OPINION ES QUE ES MUCHO MAS GRAVE ESTA CUESTION, QUE LA SUBUTILIZACION DE RECURSOS COMO EL AGUA Y LA RADIACION. LA INCLUSION DE VERDEOS DE COBERTURA REDUCE EN FORMA SUSTANCIAL EL USO DE DICHOS TERAPICOS, ADEMAS DE LA GENERACION DE UN AMBIENTE EDAFICO MEJORADO EN SUPERFICIE COMO CONSECUENCIA DEL SISTEMA RADICULAR QUE EN PARTICULAR POSEEN LOS VERDEOS DE INVIERNO. EXCELENTE EL TRABAJO DE LOS AUTORES!!!!

  2. Hola Carlos, gracias por tu comentarios. Coincido totalmente que el uso de cultivos de cobertura para combartir la malezas es una excelente oportunidad actual que tiene múltiples beneficios: ademas de disminuir la frecuencia de malezas se puede mejorar la materia orgánica del suelo, proteger contra la erosión, fijar N (si se hacen leguminosas), descompactar el suelo y mejorar su estructura (sobre todo con nabos forrajeros), etc, dependiendo dl cultivo o la mezcla que se elija… por eso la idea de cultivos de servicios!! Gracias!

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