Tierra y salud: prioridades de la horticultura

En el marco del Programa de Extensión AMBA, organizaciones de pequeños productores definieron cuáles son las urgencias de sector. También pusieron en la agenda aspectos comerciales y productivos, y el vínculo con la Universidad.

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* En colaboración con Sebastián Tamashiro

(SLT-FAUBA) El trabajo conjunto entre productores del Área Metropolitana de Buenos Aires y un grupo de estudiantes, extensionistas, docentes e investigadores de la Facultad de Agronomía de la UBA (FAUBA) está promoviendo la agroecología como un sistema que tienda a salvaguardar la salud de los horticultores y de los consumidores. No obstante, advierten que también existen otros aspectos urgentes a tener en cuenta, relacionados con la tenencia de la tierra, la precariedad habitacional y las dificultades comerciales de pequeños productores.

Además de la producción saludable, los productores quieren avanzar en otros aspectos, como la tenencia de la tierra, la precariedad habitacional y las dificultades comerciales de pequeños productores.

Estos reclamos estuvieron muy presentes durante una reciente reunión celebrada en el marco del Programa de Extensión AMBA. Se trata de una iniciativa ambiciosa de la Facultad, que integra el trabajo de estudiantes y docentes de 14 cátedras y más de 10 organizaciones sociales que agrupan a miles de productores hortícolas.

El Programa de Extensión AMBA fue anunciado a finales de 2016, luego de años de trabajo conjunto con productores de este sector en la Feria del Productor al Consumidor de la Facultad de Agronomía y en diversos proyectos de extensión. Actualmente están desarrollando, aún en estado piloto, un sistema participativo de garantía (construido en forma colectiva), que dé cuenta de los procesos productivos. 

Urgencias

Durante la reunión, los horticultores afirmaron sus reclamos frente a la comunidad académica

“Hay un problema de acceso a la tierra que repercute en todos los aspectos de la producción. Después viene la cuestión de cómo producimos, si el alimento es sano. Pero hay una realidad que es el acceso a la tierra y esperemos que esta sea una puerta abierta para trabajar con la Universidad de Buenos Aires. Después de eso viene el fortalecimiento productivo, las cadenas de comercialización y generar una verdadera transición a la agroecología”.

Así se expresó Luciano Guichet, miembro del Movimiento Nacional Campesino Indígena (MNCI), que nuclea a más de 20.000 familias de agricultores en todo el país, algunos de los cuales venden sus productos en la Feria de Agronomía. “Muchos productores están lejos de hablar de agroecología porque trabajan para producir, vender y comer, con suerte. ¿Qué pasa cuando sacan a un compañero de la tierra, le tiran el rancho, le aumentan el arrendamiento 40% de un día para el otro o le suben el precio de los insumos?”, se preguntó.

En la misma tónica, Luis Pérez, de la Asociación 1610, afirmó: “La mayoría de los horticultores paga un alquiler y vive en condiciones muy precarias. En general no tiene poder para decidir el precio y comercializa a través de intermediarios que se apropian de la mayor parte de la ganancia. Por eso a veces la producción no le es rentable, mientras el consumidor recibe un producto muy caro”.

Buscan fortalecer el vínculo entre los productores hortícolas y la Universidad

Esta Asociación Civil reúne a 17 productores de la localidad de La Capilla, Florencio Varela. Pese a que sus miembros son tercera o cuarta generación de horticultores, tampoco son propietarios de las tierras que trabajan. Para comunicar sus reclamos y difundir sus prácticas agroecológicas organizan visitas a las fincas: “Una vez por mes tenemos venta en nuestra parcela. La mejor forma que tiene el consumidor de conocer lo que come es venir y cosechar él mismo”. Además, junto a la FAUBA comercializan sus verduras a partir del proyecto Bolsón Soberano, a precios justos.

“El 90% de los productores periurbanos no son dueños de la tierra. Los alquileres inmensos no permiten proyectar una vivienda digna”, dijo Nahuel Levaggi, de la Unión de Trabajadores de la Tierra (UTT), y abogó por la Ley de Agricultura Familiar y una normativa que otorgue créditos para la compra colectiva de tierras y el acceso a terrenos del Estado que estén en desuso, para darles una función social.

“Tenemos el objetivo de dignificar las fuentes del trabajo que los compañeros se supieron inventar ante la falta de una economía que los incorpore o de un Estado que los apoye o cree estructuras para que se desarrollen”, dijo Juan Martín Carpenco, de la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular (CTEP), y añadió: “Se necesita a la comunidad académica y a los futuros profesionales para ponerle cabeza a esto”. 

Agroecología

Más allá de la tenencia de la tierra y de los aspectos comerciales, durante el encuentro generado en el ámbito del Programa AMBA también se destacaron las acciones tendientes a fomentar la transición de la producción hortícola y florícola hacia la agroecología, con la participación de pequeños productores y consumidores organizados que compran alimentos a diferentes actores de la economía social.

El Programa de Extensión AMBA de la FAUBA integra el trabajo de estudiantes y docentes de 14 cátedras y más de 10 organizaciones sociales que agrupan a miles de productores hortícolas.

“En 2009 dejamos de producir con veneno y ahora ahuyentamos a los bichos de forma natural. Decidimos hacer la transición no sólo por el consumidor, sino también para no envenenarnos nosotros”, señaló Matías Abán, de la familia productora Hola Sabor, que trabajan con la Fundación Proyecto Pereyra, ubicada en el cinturón hortícola de la ciudad de La Plata. En este sentido, destacó el acercamiento de la universidad: “La voz y la visibilidad de la Facultad ayuda a nuestra producción”.

“Celebro que se junten las comunidades. Hace 20 o 30 años esto no existía. Esto es el principio de algo. No quiero contaminar suelos ni personas, quiero producir sano. Quiero que los estudiantes y los profesionales estén en mi quinta. Yo les puedo contar cómo producir y ellos me pueden asesorar sobre qué remedios usar, por ejemplo”, dijo Héctor Velázquez, del MNCI.

Desde la misma organización, el productor Alberto Suruguay se refirió a la experiencia de vender sus alimentos en la Feria en Agronomía: “Producimos verdura sin químicos. Para nosotros es muy importante haber encontrado un espacio de venta pero también asesoramiento, acompañamiento y organización”.

“El modelo convencional envenena a los productores y a los consumidores. Tenemos cientos de compañeros enveneados. El único camino para la transformación es con los actores clave: con los trabajadores, con los productores y con las universidades”, concluyó Levaggi.

Compromiso de la Universidad pública

Desde la FAUBA promueven la transición de la producción hortícola y florícola hacia la agroecología

Marcela Gally, vicedecana de la FAUBA, aseguró que “la extensión es una de las funciones primordiales de la universidad pública, y es una de las formas en que puede retribuir a la sociedad el esfuerzo que la sociedad hace para la formación de profesionales. En estos años la extensión adquirió un lugar institucional en la Facultad a través de la creación en primer lugar de la Subsecretaría y luego la Secretaría de Extensión. En este tiempo también se han multiplicado los proyectos de extensión: docentes y estudiantes visualizan y analizan problemáticas de grupos sociales vulnerables y abordan posibles soluciones. De esta manera la extensión se articula con la investigación y la docencia”.

En este contexto, la FAUBA impulsó, por primera vez en su historia, un programa de extensión que articula diferentes proyectos en marcha, pero que a partir de ahora le asigna una estrategia institucional. El Programa de Extensión en el AMBA tiene como objetivo contribuir al desarrollo sustentable y a la alimentación saludable de la población mediante la interacción de la comunidad universitaria y los actores económicos, sociales y del Estado. Está dirigido por Eduardo Wright y codirigido por María Marta Bunge, ambos docentes de la FAUBA.

“En este tiempo se han multiplicado los proyectos de extensión: docentes y estudiantes visualizan y analizan problemáticas de grupos sociales vulnerables y abordan posibles soluciones”, dijo Gally

Desde la agrupación estudiantil FANA, Germán Flores señaló que este programa de extensión viene a saldar una deuda de inclusión: “Es importante entender que somos estudiantes de una facultad pública y tenemos la responsabilidad y el compromiso para romper esta separación que existe entre la universidad y la sociedad”. Por su parte, Manuel Salama, de la misma agrupación, se preguntó: “¿Cómo hacemos para incidir curricularmente para que nuestra formación como profesionales no esté aislada de las demandas sociales?”.

“Sabemos que sólo con el trabajo técnico y pasando desde la agricultura convencional a la agroecológica no vamos a cambiar el modelo productivo del país, pero todos los niveles de lucha se pueden integrar”, dijo Libertad Mascarini, docente de la cátedra de Floricultura de la FAUBA, y agregó: “Esto puede ser un paso para influir en el cambio de las políticas públicas. Además, como Facultad de Agronomía podemos aportar otra mirada sobre la investigación y generar información científica para la producción sana de alimentos”.

Acerca del autor

Juan Manuel Repetto
Juan Manuel Repetto
Periodista. Master en Periodismo Documental.

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