¿El arancelamiento de la Universidad aumenta la igualdad?

Si bien la gratuidad no iguala, cualquier mecanismo de arancelamiento de la educación aumenta automáticamente la desigualdad. Escribe José Paruelo.

Foto: Luis Pozzi

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(SLT-FAUBA) En un reciente artículo en La Nación (03/03/16), Héctor Masoero formula una pregunta interesante, importante y polémica: ¿Gratuidad universitaria es sinónimo de igualdad? Tenemos fuertes evidencias para afirmar que, efectivamente, la gratuidad de la educación superior no es sinónimo de igualdad. Lamentablemente por sí sola la gratuidad de los estudios universitarios no garantiza la igualdad. No igualamos la situación de un muchacho de una villa que estudió en un secundario de contexto crítico y trabajando, con la de otro proveniente de una familia de clase alta que tuvo acceso a las mejores escuelas (públicas o privadas), a formación extra curricular y que pudo dedicarse a sus estudios plenamente. Si bien la gratuidad no iguala, cualquier mecanismo de arancelamiento de la educación aumenta automáticamente la desigualdad. Un arancel, aún cuando esté acompañado de programas de becas, constituye un problema adicional para quien ya tiene que sortear otros muchos escollos para estudiar, desde una preparación deficiente en el secundario a muchas horas de viaje para acceder al aula. Pagar un arancel puede representar una molestia mínima para quien dispone de recursos, pero representa una traba mayor para quien debe realizar trámites para ser exceptuado. Más aún, la exención del pago implica someter al estudiante a un escrutinio de su contexto social y económico que, al no ser universal (sería sólo para “pobres”), promueve más desigualdad.

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La formación universitaria hace mejor a los individuos pero también a la sociedad de la que forman parte. Foto: Luis Pozzi

Detrás de las propuestas de arancelamiento de la educación hay líneas de razonamiento que apuntan a una suerte de justicia distributiva: paga el que tiene y quien usufructúa el servicio. Es frecuente escuchar de parte de quienes promueven el pago de aranceles un argumento muy efectista: “el impuesto que pagan los pobres cuando compran leche financia la educación de los ricosque, frecuentemente, fueron a escuelas privadas muy caras”. Aceptar ese argumento tiene un trasfondo ideológico muy fuerte asociado a dos cuestiones. Por un lado implica asumir que la educación superior es un bien individual, no social. La formación universitaria hace mejor a los individuos pero también a la sociedad de la que forman parte. La vida universitaria es (o debería ser) una escuela de pensamiento crítico y de valores asociados a, por ejemplo, la solidaridad y el compromiso ético. A toda la sociedad le debería importar la educación superior ya que todos nos beneficiamos teniendo más matemáticos, antropólogos, físicos, filósofos o biólogos. Más aún, se podrían promover mecanismos universales de socialización de los beneficios de la educación superior mediante alguna forma de servicio público, algo radicalmente distinto a un impuesto a los graduados. Una visión en donde los beneficios de la educación superior son de apropiación privada es compatible con que los costos también lo sean, vía un arancel. Por otro lado, se cuestiona la financiación de la educación a partir de impuestos. La educación, según este enfoque, debería solventarse con el aporte directo de quienes la reciben (considerando incluso programas de becas para quienes no pueden pagar). Detrás de esta visión se percibe un cuestionamiento a la función del Estado en la redistribución de recursos y en la definición de políticas.

En la propuesta de cobrar aranceles en las universidades pueden identificarse otros problemas más sutiles. Incorporar un mecanismo de pago directo produce, en algún grado, la “mercantilización” de la educación. Mercantilizar un servicio, como lo muestran Michael Sandel y Debra Satz, puede modificar su naturaleza y cambiar a los que participan de la transacción. Un ejemplo muy gráfico de estos cambios son la relaciones de amistad. Pagar por tener un amigo modifica la naturaleza de la relación de manera fundamental y modifica también a quienes participan de esa relación. Por supuesto que la educación paga existe y provee servicios que algunos valoran. Pero, ¿la esencia de la Universidad pública, autónoma y co-gobernada; heredera de la Reforma de 1918; se mantendría si fuera arancelada? Estoy convencido que no.

 

* José Paruelo es profesor titular de la Facultad de Agronomía de la UBA e investigador superior del CONICET. Ex director de la Licenciatura en Ciencias Ambientales (UBA). Deudor de varias cuotas del arancel impuesto por la Dictadura a principios de los 80 por no tener dinero para pagarlo y no poder hacer el trámite de exención por razones de trabajo.

9 Comments on "¿El arancelamiento de la Universidad aumenta la igualdad?"

  1. No existe la gratuidad en la Universidad. Los libros son demasiado caros; los apuntes impresos fotocopiados dejan mucho que desear, a veces no se entiende lo que el profesor quiso decir y el tiempo que se pierde en hacerlo resulta mas caro aún. Si el arancel es utilizado honestamente podría destinarse a pagar mejor a profesores-ayudantes. Igual se tiene que recurrir siempre a cursos particulares para reveer los temas no comprendidos durante la carrera. Los “Institutos” hacen un negocio formidable.

    • Te pregunta tiene respuesta en el mismo artículo, a la cual adhiero. Dice Paruelo: “Más aún, se podrían promover mecanismos universales de socialización de los beneficios de la educación superior mediante alguna forma de servicio público, algo radicalmente distinto a un impuesto a los graduados. Una visión en donde los beneficios de la educación superior son de apropiación privada es compatible con que los costos también lo sean, vía un arancel. Por otro lado, se cuestiona la financiación de la educación a partir de impuestos. La educación, según este enfoque, debería solventarse con el aporte directo de quienes la reciben (considerando incluso programas de becas para quienes no pueden pagar). Detrás de esta visión se percibe un cuestionamiento a la función del Estado en la redistribución de recursos y en la definición de políticas”

  2. Sería una opción dar la oportunidad de una pago voluntario de aquellos que quieran hacerlo?
    En mi caso trabajo y gano lo suficiente como para pagar una cuota mensual.
    Los casos son muy diversos, en el mio estaría muy conforme de aportar ese granito de arena y la recaudación podría ser para solventar apuntes y gastos de los estudiantes que en verdad lo necesitan.

    • Tu pregunta tiene respuesta en el mismo artículo, a la cual adhiero. Dice Paruelo: “Más aún, se podrían promover mecanismos universales de socialización de los beneficios de la educación superior mediante alguna forma de servicio público, algo radicalmente distinto a un impuesto a los graduados. Una visión en donde los beneficios de la educación superior son de apropiación privada es compatible con que los costos también lo sean, vía un arancel. Por otro lado, se cuestiona la financiación de la educación a partir de impuestos. La educación, según este enfoque, debería solventarse con el aporte directo de quienes la reciben (considerando incluso programas de becas para quienes no pueden pagar). Detrás de esta visión se percibe un cuestionamiento a la función del Estado en la redistribución de recursos y en la definición de políticas”

  3. Estoy totalmente de acuerdo con el Prof. José Paruelo. Soy Ingeniera Agrónoma egresada de la UBA y no hubiese podido estudiar una carrera universitaria si hubiese sido arancelada, es más en mi primer año conté con una beca de ayuda económica y fue bastante vengonzoso tener que tramitarla y recibir la visita de una asistente social en mi casa para constatar el “nivel de pobreza” de mi familia. Luego hice todo el resto de mi carrera trabajando. Mi manera de devolver lo que el Estado invirtió en mi formación, fue estudiando mucho y tratando de recibirme lo más pronto que pude, y desde que me recibí trabajar con los sectores de productores más pobres, poner mi profesión al servicio de la sociedad, con mucha honestidad y seriedad. Seguir perfeccionándome siempre, seguir estudiando siempre. Actualmente también soy docente en la Universidad Nacional de San Juan. Estoy a favor de la Educación Universitaria Pública y Gratuita, sin ello estaríamos mucho más lejos de la igualdad de oportunidades.

  4. ¿Por qué no una contribución solidaria? El que puede y quiere aportar un arancel al estilo “cooperadora” de escuela, seguramente se comprometería con la idea. Creo que nos sorprenderíamos de la cantidad de gente a la que le gustaría colaborar. Mi hermanda estudió en el Instituto Lenguas Vivas y si bien era público, ella sentía que era un deber moral hacia la sociedad contribuir con la Cooperadora del Establecimiento y lo hacía gustosamente todos los meses que cursó hasta recibirse.

  5. Paruelo dice algunas cosas que son ciertas pero también usa muchos de los típicos viejos eslóganes de la UBA, sin pensar en las verdaderas causas y consecuencias del problema. Sus conclusiones están equivocadas porque parte desde el vamos con una sobre simplificación del problema diciendo que es sólo un problema ideológico y de visiones. Sin embargo, el problema es realmente muy concreto y tangible, somos un país con un presupuesto finito y problemas muy graves por resolver y en definitiva el dilema es cómo usar de la mejor manera posible unos recursos que sabemos que no nos alcanzan para resolver todos los problemas que tenemos. Un ejemplo es el de la escuela secundaria que él menciona, por qué no se puede intentar liberar recursos para invertirlos en mejorar la calidad de una institución como la escuela secundaria donde pasan más estudiantes que por la universidad. El argumento que el trámite de la beca es un escollo terrible me parece desatinado. La persona que pide la beca es alguien que quiere empezar un proyecto de 4 a 6 años donde va a tener que inscribirse en más de 30 materias, ir a los cursos y aprobar de 2 a 3 exámenes por materia. La información que se obtiene del formulario de la beca y del seguimiento del becario, en lugar de crear desigualdad en forma automática, haría lo contrario. Ayudaría muchísimo a identificar las causas que hacen que los “pobres” no lleguen a la UBA y a crear programas de integración efectivos para que lleguen y terminen sus carreras. Hay también una cierta sugerencia que es muy común percibir en los pasillos de la UBA (soy egresado de la UBA) y es que las únicas personas que le sirven al país son aquellas con título universitario (un biólogo, matemático, abogado, doctor…). Personalmente me muero de tristeza al ver, por ejemplo, nuestros albañiles con los dedos amputados porque nunca recibieron un curso de seguridad en el uso de las amoladoras. Me preocupa ver que al sistema educativo argentino no le importe la educación primaria, secundaria y la de los oficios. No estoy a favor del arancel pero me indigna que desde la UBA se busque siempre bloquear sistemáticamente cualquier intento de discusión sobre cómo usar mejor los recursos para poder atender otras necesidades urgentes.

  6. No estoy de acuerdo que haya aranceles en la educación pública. Sí, estoy de acuerdo que exista la educación privada arancelada como efectivamente existe en nuestreo país para el que la quiera. Soy ingeniero agrónomo y comencé a estudiar la carrera cuando cumplí 50 años y vine a vivir a Buenos Aires forzado por la situación de haber perdido mi trabajo y mi casa en la década del 90. Cuando terminé el secundario en mi pueblo de misiones, mi padre me comunicó que no podía pagarme los estudios porque ya le costaba mantener a su familia constituida por ocho hijos y mi madre. La facultad de agronomía mas cercana estaba una, en la ciudad de Corrientes a 500 km y la otra, dónde iban todos mis amigos a estudiar, en La Plata, a 1200 km.
    Ya en Buenos Aires, en el 2001, iba todos los días en dos colectivos desde Gonzalez Catán a la facultad en Villa Devoto, lo que insumía tres horas de ida y otras tantas de vuelta. Gracias a las fotocopias autorizadas por los autores de muchos libros de nuestros profesores , el centro de estudiantes proveía los apuntes y eso me facilitó seguir con la carrera hasta el final. Haciendo rellenar un formulario a los que no tienen los recursos suficientes para después poder “identificar” las causas por las que “ los pobres” “no pueden”, es tarea de otro organismo del estado y no de la universidad. La albañilería, como todos los otros oficios, se enseñan en las escuelas técnicas del país… lo que pasa es que el Estado, debe cumplir con proveer educación de calidad a todos gratuitamente y eso significa que todos y todas vayan a estudiar…pero primero esos chicos tienen que tener otras necesidades satisfechas, también con responsabilidad del estado ( trabajo, salud, universidades gratuitas cerca y otros).
    La constitución dice que el Estado debe proveer trabajo salud y educación para todos y para que ésta sea realmente con igualdad de oportunidades, debe ser siempre gratuita.
    “A toda la sociedad le debería importar la educación superior “ dice Paruelo, totalmente de acuerdo, pero para que eso sea cierto debe haber condiciones para que “toda la sociedad”, la que vive acá en Buenos Aires, en la patagonia, en misiones, en jujuy, donde sea, pueda tener “cerca” y gratuitamente la posibilidad de asistir. Si el alumno tiene que pagar un hospedaje mensualmente, pasajes de larga distancia, y vivir en una pensión para cursar una carrera, por mas que la universidad sea pública y gratuita y los apuntes también, yo lo pongo en duda. La gratuidad no iguala.

  7. “Un arancel, aún cuando esté acompañado de programas de becas, constituye un problema adicional para quien ya tiene que sortear otros muchos escollos para estudiar, desde una preparación deficiente en el secundario a muchas horas de viaje para acceder al aula”.

    El arancel viene a remediar la falta de fondos para todos los ámbitos. Uno de ellos es el sistema de becas. La ayuda en forma de moneda de cambio (manifestada también a través de tarifa diferencial en el transporte o facilidades para la adquisición del material de lectura) es la única que puede brindarse directamente. Nada va a contrarestar los perjuicios de vivir lejos o de tener una educación media deficiente. Es más, es general la visión de que la educación secundaria es el punto más crítico del sistema educativo argentino, en donde el Estado más fondos debería aportar para revertir la tendencia al declive cualitativo de la misma. Liberar al fisco de cierta tensión por parte de la universidad, puede permitir la reconstrucción de este nivel de esteñanza (el medio).

    “A toda la sociedad le debería importar la educación superior ya que todos nos beneficiamos teniendo más matemáticos, antropólogos, físicos, filósofos o biólogos”

    Correcto, a la sociedad, en su conjunto, al país, a todos les conviene aumentar la cantidad de graduados. Y sin embargo, este hecho no está relacionado al hecho de la gratuidad o no. De hecho, nuestro país, con su sistema gratuito (según su entender, facilitador de acceso a más gente), gradúa menos porcentaje de la población que -por citar un ejemplo cercano en todo sentido (aún no necesariamente sea un país ejemplar)- Chile.

    ” Por otro lado, se cuestiona la financiación de la educación a partir de impuestos. La educación, según este enfoque, debería solventarse con el aporte directo de quienes la reciben…”

    El arancelamiento no necesariamente significa que el Estado deje de aportar fondos. Eso depende del grado de independencia económica que se busque.
    Parte de la financiación provendrá via impuestos, y otra parte, via consumidor, del mismo modo que se financian los servicios ferroviarios o el transporte automotor, por ejemplo.
    Además, la UBA puede buscar otros medios para financiarse (por el lado de la venta de servicios profesionales/investigación o ciencia aplicada).

    “Un ejemplo muy gráfico de estos cambios son la relaciones de amistad.”
    Comparar la educación con la amistad, es tan ridículo como que yo haga una analogía entre tener que pagar por la educación y por un chicle.

    “Más aún, la exención del pago implica someter al estudiante a un escrutinio de su contexto social y económico que, al no ser universal (sería sólo para “pobres”), promueve más desigualdad.”
    El Estado tiene las herramientas burocráticas para establecer quien puede pagar y quién no, y, en los casos en que alguien quede incluído/exluído erróneamente en una de las dos categorías, se debería realizar el escrutinio, pero este no tiene por qué ser una humillación ni causa de discriminación.

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